En enero de 2024, un director financiero autorizó transferencias por 25 millones de dólares durante una videollamada con quienes creyó eran sus directivos. Todos eran falsos: rostros, voces y gestos generados por inteligencia artificial.
El caso, reportado por El Comercio Perú y El Peruano, se convirtió en el ejemplo de referencia de una modalidad de fraude que en 2026 ya no es una rareza: la suplantación corporativa mediante deepfakes. Y las cifras muestran que no fue un hecho aislado — según el FBI, el fraude por suplantación de ejecutivos (Business Email Compromise) generó pérdidas por USD 2,770 millones solo en Estados Unidos durante 2024, y los deepfakes corporativos crecieron 3,000% en un año.
La amenaza también golpea a América Latina
Según datos de ESET citados por El Comercio y El Peruano, 27% de las empresas de la región sufrió al menos un ciberataque en el último año. Pablo García, especialista en ciberseguridad para Latinoamérica, explica que estos ataques suelen ser altamente planificados: los delincuentes recopilan información pública de las organizaciones a través de LinkedIn, comunicados corporativos y redes sociales para identificar quién autoriza pagos, cómo se comunican los ejecutivos y cuáles son sus rutinas — luego usan esa información para construir el engaño.
Por qué es diferente al fraude tradicional
El phishing clásico depende de que la víctima cometa un error: hacer clic en un enlace, abrir un adjunto. El fraude con deepfake ataca algo distinto — la confianza en lo que vemos y escuchamos. Una videollamada con el rostro y la voz de tu gerente general ya no es prueba suficiente de que realmente es tu gerente general. Hoy es posible clonar una voz con menos de 60 segundos de audio usando herramientas gratuitas — un video en LinkedIn o una entrevista pública son suficientes como material de origen.
La defensa más simple sigue siendo la más efectiva
Frente a una tecnología que evoluciona más rápido que las herramientas de detección, la protección más práctica no es técnica: es un protocolo. Cualquier instrucción financiera sensible — un cambio de cuenta, una transferencia fuera de lo normal, una solicitud "urgente" — debería confirmarse siempre por un segundo canal ya establecido de antemano, nunca por el mismo medio donde llegó la solicitud.
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